El ideario de Albert Boadella.
Es normal que entre los gurus de la gestión empresarial, en todas sus variantes, utilicen elementos supuestamente ajenos a la misma para desarrollar teorías aparentemente muy estructuradas y reflexivamente desarrolladas.
Es cierto, lo demás no es sino redefiniciones de la realidad. En la empresa está todo inventado, todo está a nuestro alcance, sólo debemos saber cómo lo utilizamos. En realidad hasta la supuesta revolución del Turismo 2.0 no es sino un reposicionamiento de sus actores. El problema no es crear, el problema es conocer la realidad y, si en necesario, reinterpretarla.
Más razón que un santo. Rompamos con los convencionalismos. El mundo de la empresa ha de ser creativo, lleno de ideas nuevas y disparatadas. Un brainstorming global.
Ahí está todo, como dijimos al principio. Si queremos ser revolucionarios partamos de lo que ya existe. Nuestro primer paso ha de ser seguro.
Ni la imaginación de los artistas. La empresa es una obra humana, una creación nacida de personas con imaginación. ¿Por qué segmentar nuestra realidad limitando el placer, la fantasía y la imaginación a nuestros momentos de ocio?. Bajo las piedras hay una playa.
Todo tiene su momento y en ocasiones es mejor dar un paso atrás para tomar carrerilla antes que empezar la carrera sin haber entrenado. Los maratones son muy largos y la empresa es un maratón. Hasta la fantasía y la ruptura de convenciones necesitan reflexión.
O a tus competidores. El monopolio adormila, la competencia excita. Estudialos, analízalos, y si lo hacen mejor que tú, aprende de ellos. Si eres tú quien lo hace mejor estudia en qué y potencia las diferencias.
Hay que ir contra corriente, sorprender al visitante. Olvidemos el mal gusto y centrémonos en la sorpresa. Se dice que al cliente de un hotel no le gustan las sorpresas, y es cierto, observen si no cómo se sienta siempre en la misma mesa del comedor o realiza la misma liturgia en la cafetería. Pero si la sorpresa forma parte del “espectáculo” es bien recibida, es un activo más.
El cliente quiere que todo sea comprensible, fácil de asimilar. Son magníficos algunos hoteles cuyas formas se retuercen y combrean como esculturas, son auténticas esculturas, pero al cliente lo descolocan. Lo primero que busca el cliente al entrar en un hotel es la recepción, está pidiendo ayuda, situarse en un nuevo entorno. Ayudémosle.
Por otro lado, no todo es relativo, no vale todo para satisfacer al cliente. El hotel es un microcosmos que ha de ser gobernado con reglas claras. No atendemos a un sólo cliente, atendemos a cientos.
O empresa-política. Cada uno a lo suyo que nadie sabe de todo y, lo que es peor, todos sabemos un poco de todo. Hay muchos aprendices de brujo repartidos.
Si la empresa es una red de relaciones, ¿por qué no relacionarnos con amigos? Fomentar las relaciones personales, las buenas relaciones personales, es una de las mejores medidas que puede tomar un director de hotel. Atención, se buscan amigos y gente inteligente, capaz de comprender que si no hay feeling con un compañero debemos seguir siendo eso, compañeros de trabajo. Amigos inteligentes.
Como se ve son diez principios tan abiertos y generales que casi pueden dar lugar a cualquier interpretación. Esta ha sido la mía, pero no tiene por qué ser la correcta.
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