Contra el nacionalismo empresarial.
Siempre he pensado que el nacionalismo es una ideología débil, y tiene la debilidd en su propia naturaleza. El nacionalismo es una ideología defensiva, necesita siempre un enemigo exterior para conseguir una grado de cohesión interna que permita obviar la debilidad de algunos de sus planteamientos.
El concepto “nación” no es un concepto natural, no es consustancial al ser humano. Es más bien un concepto historico político que no necesariamente lo hace ineludible. Para Ernest Gellner, por ejemplo, es el propio nacionalismo el que crea el concepto de nación y no a la inversa. Por eso todo el derecho natural, los derechos primitivos y los orígenes más o menos naturales son interpretables y en modo alguno incuestionables.
Autores como el propio Gellner, Eric Hobsbawn, Adrian Hastings o Anthony D. Smith han dado su visión personal del nacionalismo difiriendo unos de otros. Sin embargo lo que para mi siempre perdira es el caracter cerrado y defensivo del mismo.
Esta mentalidad tiene, como ya he dicho, su propia debilidad en sí misma, puesto que ante la imposibilidad de desarrollar estructuras y construcciones racionales lo suficientemente coherentes y estructuradas tratan de compensar con la búsqueda de una cohesión interna que esperan conseguir denunciando una supuesta agresión constante de un supuesto enemigo exterior.
Nótese que no estoy hablando sólo del nacionalismo catalán, vasco o gallego, también me refiero al nacionalismo español, americano, ruso o de cualquier otra localización. Todos tienen un enemigo exterior al que culpar de sus posibles desgracias. Y este caracter defensivo les da un sesgo endogámico que dificulta una relación de confianza con “el otro”.
En las empresas turísticasa (y en todas en general) pasa lo mismo. Hay una cierta tendencia a la endogamia, a la autarquía del conocimiento. Estoy hablando de empresas cerradas para las que el día a día es un enfrentamiento por conseguir el propio espacio vital. Son empresas que viven en oceanos rojos y no en oceanos azules.
Este tipo de empresas son lo contrario a la empresa abierta, aquellas empresas que consideran que el conocimiento no tiene valor si no se comparte, si no circula naturalmente. Las empresas naciones (o nacionalistas) son incapaces de reconocer sus propios errores, ante un cambio de paradigma o una crisis se enrocan en sus propias estrategias sin ser conscientes de que la solución está en el cambio, en la asunción de influencias exteriores y en la aceptación de las priopias deficiencias.
La utilización de una gestión abierta y de una estrategia que acepte el intercambio de información permite solventar muchos de los problemas que una empresa nación puede encontrar. Los límites que la gestión autárquica tiene debilitan mucho la capacidad de respuesta de una empresa turística, tan importante ahora en estos momentos de crisis.
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Comentarios
Juan ,soy seguidor de tu Blog desde hace poco tiempo y en primer lugar me gustaría felicitarte por tus aportaciones.Son inteligentes,bien argumentadas y provistas siempre de referencias que refuerzan la idea o ideas que quieres transmitir.
En cuanto a este mensaje tuyo acerca del nacionalismo simplemente decirte que no todos los nacionalismos tienen un caracter defensivo y excluyente,cosa que deduzco de tu exposición y corrígeme si me equivoco.Creo que el orgullo de pertenencia y la exaltación de una cultura o lengua propias no son incompatibles con el respeto,y además soy de la opinión de que muchas veces dichas actitudes enriquecen a propios y a ajenos ya que nos ilustran en costumbres y hábitos que podrían caer en el olvido o en el desuso fruto de un entorno cada vez más globalizado que tiende a uniformar conductas y actitudes en base a modelos de conducta universalizados.
Existen muchos planteamientos ante el nacionalismo o ante la exaltación de la propia cultura,costumbres,etc. y no todas son de signo excluyente o beligerante con el entorno.
Por otra parte creo que confundir o relacionar en un mismo texto el nacionalismo o los planteamientos nacionalistas con las malas prácticas en cuanto a estrategia corporativa de las empresas no es del todo acertado.Son temas diferentes,y creo que hoy en día no son demasiados los empresarios que se cierran a planteamientos “locales” sin abrirse,ya que ello supone una muerte más o menos rápida empresarialmente hablado.
En cuanto a lo de compartir el conocimiento creo que es una utopía muy bonita,pero inalcanzable en un mundo en le que la competencia es extremadamente feroz y donde para ganar una ventaja competitiva se debe trabajar duro o ser realmente brillante,más en sectores maduros como el que tratas.
Dichos comentarios son hechos desde el más profundo respeto a tu opinión,y con la humilde voluntad de compartir mi punto de vista estando totalmente abierto a opiniones contrapuestas que estaré encantado de reflexionar con el objetivo de formarme una opinión verdaderamente fundamentada.
Un saludo
Oriol, Pablo, muchísimas gracias por vuestras opiniones. Creo que lo que de verdad enriquece un blog no es lo que escriba su autor, sino lo que porten sus lectores.
Permitidme que comente vuestras opiniones.
Está claro que toda generalización es injusta y que hay muchos niveles, modos y caras del nacionalismo. Creo que el aspecto más honesto y noble es el amor a lo propio, a la propia tierra, las propias costumbres… Lo malo es cuando ese nacionalismo es utilizado políticamente.
Es entonces cuando se vuelve un arma más que un sentimiento. Entonces necesita del “otro” para su cohesión interna, cohesión que es utilizada y dirigida por la clase política.
Os pongo algunos ejemplo no cercanos para no herir susceptibilidades. Estados Unidos es una nación muy nacionalista, orgullosa de sus símbolos y de su historia. Eso está bien. Pero si nos fijamos vemos que siempre ha necesitado un enemigo exterior para autoafirmarse. Primero fue la URSS, luego trataron de personificarla en la droga (aunque no lo consiguieron) y ahora es el terrorismo internacional-islamista.
La URSS-Rusia ha seguido un camino paralelo. Primero fue Estados Unidos-Occidente y tras superar su grave crisis de descomposición lo ha personificado en un sentimiento de incomprensión de Occidente hacia ella.
Creo que son dos casos muy claros.
Existe por tanto, en mi modesta opinión, dos formas de ver el nacionalismo: desde un punto de vista estrictamente social y cultural, que sólo muestra el orgullo de lo propio, y desde el punto de vista político, que corre el riesgo de enrocarse en una actitud defensiva-agresiva como ya he explicado en el artículo.
Por otra parte, Pablo, estoy de acuerdo contigo en que el nacionalismo y las malas prácticas empresariales son temas diferentes y tal vez imposibles de conectar. Lo que pasa es que yo trato de buscar la “inspiración” en temas, argumentos o ideas no necesariamente economico-empresariales. Sigo en esto las lecciones de Charles Handy, por supuesto con mucha más modestia y peores resultados que el maestro (http://www.juansobejano.com/2008/06/11/no-trateis-de-hacerlo-mejor-sino-de-hacer-algo-diferente/)
De esa estrategia surgieron por ejemplo artículos como el de la libertad positiva y la libertad negativa en la empresa a raiz de una lectura de Isaiah Berlin (http://www.juansobejano.com/2007/07/06/isaiah-berlin-la-libertad-la-empresa-y-los-recursos-humanos-2/)
No se si es una buena estrategia, pero es la que sigo.
Lo de compartir el conocimiento y desarrollar empresas abiertas no son teorías nuevas, llevan circulando ya unos años y estoy de acuerdo contigo que hoy por hoy es una idea un poco utópica, aunque creeme que ya hay gente trabajando en el tema.
Gracias por vuestros comentarios, de verdad, y no dudeis en corregirme si considerais que estoy equivocado
Mezclar churras con merinas acarrea confusion, y esto me acaba de ocurrir cuando leo este articulo, excelente e ilustrativo.
Un abrazo, Juan















Estoy de acuerdo con tu mensaje Juan. El nacionalismo, que los hay de muchos colores, ha servido más para justificar dictaduras y para imponer guerras o batallas que escondían otros intereses que no otra coas. Ahora bien, en muchos lugares, eñl nacionalismo ha servido para un resurgimiento cultural, intelectual y económico. Los valores absolutos no existen, por suerte, porque, precisamente, aquellos nacionalismos mas negativos son los que no admiten dudas sobre la legitimidad de sus batallas defensicas de los valores patrios.
Probablemente habría que poder analizar los nacionalismos caso pos caso para poder valorarlos mejor. Sin embargo, está claro que en un mundo globalizado los nacionalismos deberán reconvertir sus prioridades.