El turismo de lujo ¿receta contra la crisis?
De todos es sabido que una de las ventajas de la industria del lujo es su mayor inmunidad ante las crisis como la que estamos viviendo. El target al que va dirigido suele mantener unos altos niveles de capacidad de gasto y suele ser menos sensible al factor precio.
Para este tipo de clientes el producto tiene valor por sí mismo y no cabe por tanto posibilidad de aplicar otros productos substitutivos, puesto que éstos pierden su elemento simbólico y su significado personal. Cada comprador, en efecto, mantiene una relación personal con el producto y le da un significado intransferible que lo hace único.
En turismo se está empezando a notar la crisis, por lo que tal vez deberíamos tomar nota de las fortalezas del mercado del lujo y adaptarlas al turismo. Por supuesto hay destinos que se pueden considerar de lujo y que entran dentro de ese mercado, pero el turismo menos exclusivo también puede sacar buenas conclusiones de lo dicho.
Posiblemente la más importante sea la de la exclusividad. Es lo que hoy demanda el cliente, una experiencia exclusiva y única, de modo que esa experiencia vacacional pueda generar una conexión personal con la unidad turística (individuo, pareja o familia). Es el turista el que va a proveer de significado a su estancia en el destino, pero es la gestión de ese destino la que va a hacer que ese significado se alimente de sensaciones positivas o negativas.
Las enseñanzas de la industria del lujo no van a impedir que el turista siga considerando el factor precio como uno de sus principales elementos de decisión de compra, pero sí va a determinar que el cliente se sienta único y exclusivo, de modo que favorecerá las posibilidades de fidelización y la mejora de nuestra reputación online.
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Desde luego en el turismo de lujo la exclusividad y el trato personalizado son algo inherente a esos productos.
Totalmente de acuerdo que en la medida de lo posible, debemos dar un trato lo más personalizado posible para que los usuarios se sientan verdaderamente considerados y fidelizarlos. Ahora conseguir que hablen sin forzarlos no lo veo tan fácil.
Un saludo,
Susana