De destinos y creencias

casas20colores20villajoyosa20alicanteYa he comentado en alguna ocasión que vivo en Villajoyosa, un pequeño pueblo pegado a Benidorm que historicamente fue la capital de la comarca pero que hoy vive de la economía del turismo que genera la capital turística de la comunidad. El caso es que desde hace unos años Villajoyosa ha dado tímidos pasos para potenciar su turismo, hasta ahora sin mucho éxito.

Y el caso es que creo que el pueblo tiene tres elementos fundamentales que le podrían dar valor. Una magnífica cocina basada principalmente en el pescado (tienen un buen puerto y flota de pesca), unas magníficas calas y playas semisolitarias y una riqueza arqueológica increible. Entiendo que esto último es más complicado de explotar turísticamente, pero sí le puede dar marca y diversificar un poco el producto desarrollando encuentros y conferencias que sirvan para desestacionalizar aunque sea puntualmente.

Sería interesante integrar esa oferta a la que ofrece Benidorm. Villajoyosa por sí sola no puede hoy competir con un destino turístico como ese.

Sin embargo tiene el pueblo un par de características que complican su éxito turístico. Una fisionomía complicada con calles estrechas, antipáticas para pasear y de espaldas a la playa urbana. Pero sobre todo lo que supone una auténtica barrera es el caracter de sus gentes. Aquí todavía diferencian claramente al que es de fuera, y no para bien. Tal vez por un pasado más glorioso que ha devenido en un tranquilo declive, sus habitantes todavía tienen esa visión de “lo nuestro” frente a “lo de fuera”.

Dificilmente va un destino turístico a prosperar si no consigue que sus visitantes estén a gusto. Y poco va a poder hacer ese destino sin unos habitantes que quieran serlo y se lo crean. Hace años hablé del caso de Santa Pola, un destino cercano a Benidorm y de sol y playa donde a su asociación de comerciantes no se les ocurre otra cosa que sortear entre sus socios un viaje a Benidorm, con el mensaje implicito que ello lleva.

El caso de Villajoyosa es el contrario. No enviarían a nadie a Benidorm porque lo ven como el hermano bastardo que ha crecido y ha superado al antiguo primero de la clase.

Son dos formas de no creerse destino.

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