La rentabilidad del trabajador
Ayer tenía una interesante charla con Miguel Angel Campo Seoane, un consultor senior con muchos años de experiencia en esto del turismo. Hablamos sobre la importancia del trabajador y sobre cómo están gestionando las empresas, sobre todo hoteles, ese importante “factor de producción”.
Tradicionalmente se suele considerar al trabajador como un coste, como un apunte en la contabilidad del hotel. Por eso cuando hay problemas es el coste que primero se suprime, al menos parcialmente, sobre todo gracias a su flexibilidad. El problema está en el mal enfoque que se hace del sistema.
En primer lugar porque el trabajador no es un coste, es el verdadero hecho diferencial del hotel, el que le dota de un “alma” determinada, el que acumula la cultura e inteligencia colectiva de la organización. Despedir a un trabajador ya integrado en la organización supone destruir algo del conocimiento de esa organización. Pero es que además es falso que los RRHH sean un recurso flexible.
Además de lo dicho sobre la acumulación de conocimiento por parte de los trabajadores, que va a hacer que cuando se contrate nuevamente un trabajador se le tenga que aplicar un proceso de inmersión en la organización con el coste en tiempo, esfuerzo y dinero que supone, además de esto, no podemos pensar que un trabajador se cambia facilmente por otro.
No estamos hablando ya de máquinas con mejores o peores prestaciones, hablamos de seres humanos que piensan, que tienen conocimiento y que son capaces de aplicarlo en su puesto de trabajo. Por eso la rentabilidad de un trabajador no se puede medir sólo por los gastos que ocasiona, sino que hemos de cruzarlo con los beneficios que genera, y dentro de estos beneficios no hablamos sólo de los monetarios, sino de su capacidad de innovar, de gestionar adecuadamente el momento de la verdad, que generar satisfacción en el cliente, de reducir costes, en suma de aplicar la inteligencia a su puesto de trabajo.
Solemos pensar que ante dos camareros es más rentable el que cobra menos, sin ir más allá. Al fin y al cabo el trabajo va a salir y las mesas se van a atender, pero no es lo mismo que se atienda una mesa en la que el cliente piensa que tiene ganas de volver a sentarse en ella, que atenderla dejando la sensación de que tal vez hubiera sido mejor ir al bar de enfrente.
Debemos analizar más profundamente a nuestras plantillas y tratar de descubrir cuáles son sus fortalezas y sus debilidades. Y esto que parece obvio no se hace. ¿Por qué?
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