El destino como entorno de convivencia

convivencia, en la que los nativos tienen un papel fundamental. Hay una corriente en torno a la gestión de las ciudades que, de la mano de Richard Florida, predica la bondad de una forma de integración y una forma de convivencia en ellas que gira a en torno a criterios de participación, innovación, creatividad o centralidad ciudadana. Crear entornos más amables y con unas dinámicas de convivencia más sostenibles y valiosas repercute en el aporte de valor de la ciudad y la comunidad como destino turístico.
Existe además una tendencia de las ciudades a crear la marca ciudad, la imagen y proyección direccionada que quede en la mente del receptor de una manera clara y diferenciada. Un ejemplo lo tenemos en Valencia: ciudad de las Artes y las Ciencias.
Es lo que ocurre por ejemplo con las slowcities, que tienen una estructura y una filosofía de vida que potencia una forma de relación en la que las prisas no son aceptables.
Cuando Richard Florida escribió el libro Las Ciudades Creativas, llegó a la conclusión que este tipo de ciudades disfrutan de ciudadanos más tolerantes, innovadores, extrovertidos y cosmopolitas. El valor que pueden dar este tipo de ciudades al fenómeno turístico es mucho mayor que el que puedan dar otras.
A todo esto hemos de añadir una estrategia de gestión radial en la que los ciudadanos se comprometen y participan en el día a día de la ciudad, de un modo más o menos evidente.
La búsqueda final es la de un concepto de ciudad mas integrado, cohesivo y abierto, con valores tanto para los viajeros como para los nativos. Recordemos que la ciudad es el escenario donde confluyen las vidas de dos colectivos muy complementarios, los nativos y los turistas. De la capacidad de aportar valor ambos colectivos depende el éxito del destino como tal.
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