La economía de las ideas

Es interesante descubrir cómo la economía descansa sobre criterios en muchas ocasiones son más perjudiciales que beneficiosos. La tradicional creencia de que en la posesión está el valor sufre cuando se habla de ideas y de conocimiento. Entonces lo que parece obvio deja e serlo y aparecen nuevos conceptos, necesidades y formas de aportar valor.

Desde que John Perry Barlow escribiera su famoso artículo Vender Vino sin Botellas, La Economía de la Mente en la Red Global, la comprensión de la economía, o al menos aquella que tiene en el conocimiento y las ideas su materia prima, ha cambiado radicalmente. Y no sólo de la concepción económica como tal, sino también de la gestión diaria y la forma de comprender el valor como tal.

En la economía de las ideas el valor está en el uso, en la capacidad de utilizar y mejorar la información, y no en la acumulación de la misma. No se trata de poseer el conocimiento, sino de utilizarlo de modo que aporte valor en su recorrido y que pueda volver al origen con una mayor carga de utilidad y potencial transformador. En empresas abiertas esta es una de las premisas fundamentales, al fomentar la existencia de canales de comunicación multidireccionales y que permitan a todos los miembros de la organización gestionar una parte de la información de modo que su trabajo tenga un valor superior y una mayor capacidad de mejora.

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