Fluir en los destinos
Nombramos el otro día a Mihaly Csikszentmihalyi (MC a partir de ahora por razones obvias) cuando hablamos de la interpretación del espacio. Hablaba MC del concepto de flujo, que nosotros interpretábamos como un fenómeno con un claro desarrollo espacial, un fenómeno que es por encima de todo humano y que permite acceder a un estado de satisfacción y felicidad en base a unos objetivos alcanzados.
MC define el estado de flujo como “la capacidad de concentrar la energía psíquica y la atención en planes y objetivos de nuestra elección, planes que sentimos que vale la pena realizar porque los hemos decidido nosotros. De esta forma se disfruta de cada momento en lo que se hace”. Independientemente de que uno pueda estar más o menos de acuerdo con esta teoría y este concepto hay algo de este fluir en el objetivo que tienen los viajeros cuando llegan a un destino turístico. Y hay algo de esa felicidad y satisfacción en los objetivos que nosotros, como gestores de los destinos, queremos que sean alcanzables por el viajero.
El estado de flujo es al fin y al cabo la consecución de un deseo, la satisfacción de un anhelo que en el periodo vacacional, en el disfrute en el destino se debe cumplir para que ese destino alcance la excelencia a la vista del viajero. El viajero consigue durante el desarrollo de este estado un mayor compromiso con el destino turístico, puesto que es en él donde ejecuta esas acciones que le llevan a ese estado mencionado, es a través de la implementación de una serie de procesos personales, todos voluntarios y satisfactorios, como accede a mantener una posición de realización temporalmente sostenida.
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