La experiencia del viaje
El otro día, a un artículo sobre hibridación turística de nuestra nueva sección Escucha en la Red, José Luis Momparler comentaba de un programa que están desarrollando en La Subbética, Turismo y Aceite, en el que tratan de hibridar estos dos elementos en pos de un nuevo producto.
El caso es que me recordó un viaje que hace cosa de un año hice a Jaén, en concreto a Cazorla. En él recorrí en coche los campos de olivos y tuve la sensación de estar pasando de puntillas por un espacio que merecía ser conocido. He reflexionado en otras ocasiones sobre aquella sensación y, aunque nunca he llegado a una teoría sólida, sí me ha confirmado una serie de ideas que rondaban por mi cabeza.
El otro día hablaba Julen Iturbe del concepto de “no lugar” de Marc Augé. La verdad es que no encuentro mejor definición de ese “no lugar” que esos espacios que recorremos entre destinos, esos espacios que queremos obviar y si pudiera ser saltar directamente. No hay nada que nos irrite más a los viajeros que ese pago que hemos de hacer de tiempo que es recorrer la distancia entre destinos. Y sin embargo esos caminos, recorridos y trayectos están llenos de experiencias turísticas en potencia.
Volviendo a Marc Augé, dice que hemos derivado el viaje en una búsqueda de experiencias codificadas, y esa codificación nos dice que lo importante es el destino, el final del trayecto, y no lo que hay antes. Pero del mismo modo que vivimos experiencias codificadas también mantenemos una cierta nostalgia del viaje como descubrimiento, como llegada a lo no conocido. Y es posible que esos espacios que hemos denominado “no lugares” sean la posibilidad que nos ofrece el viaje de llenar esa necesidad de conocimiento no esperado.
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