La reputación y la Web semántica

He llagado a este artículo a partir de la lectura de unas magníficas reflexiones de Francesc Grau sobre reputación. Grau afirma que el modelo de reputación que estamos utilizando se basa fundamentalmente en el resultado de las búsquedas de keywords en buscadores, y que éstos ofrecen unos resultados muy sesgados y en los que no tienen en cuenta contextos, dimensión temporal de los datos, correcciones de evolución o credibilidad de las fuentes, vamos, que no están interpretados en un contexto de Web semántica.

Comienza Grau con una afirmación categórica sus reflexiones, “ahora mismo no estamos viviendo una percepción de reputación nada “natural”. Esta afirmación necesita, desde mi punto de vista, ser matizada. Aunque el término “natural” está entrecomillado, su poder de dar sentido a la frase es tan fuerte que necesita ser interpretado, y esa interpretación es demasiado subjetiva para que esa afirmación tenga valor. Entiendo que el autor se refiere a la idoneidad de identificar dentro de lo posible los conceptos de reputación online y reputación offline, es decir de aquella reputación que se genera por elementos puramente de la Red y de la generada por elementos de fuera de la Red.

Sinceramente tengo mis dudas de que esta afirmación, que al fin y al cabo es la base de toda la reflexión posterior, se sostenga. Por un lado es evidente que estamos hablando de dos entornos distintos, de dos “lugares” (malditas comillas) donde se genera reputación. La naturalidad de una reputación no la da el que fuentes, dinámicas o contextos en los que se generan esas dos reputaciones sean los mismos, sino que sean acordes con sus contextos. No se trata de que la reputación online se genere por elementos o trasladando dinámicas offline, sino que precisamente por ser online siga criterios online de generación de reputación.

Claro, el problema viene cuando esos criterios online se ponen también en tela de juicio. Para Grau la fuente fundamental es el buscador, con las limitaciones mencionadas, buscador que se utiliza o bien a través de la keyword principal o de una serie de palabras que tratan de evitar resultados no deseados y que pretenden afinar más la búsqueda. A eso añade una serie de entorno no controlados (comunidades, medios sociales, redes…).

Si partimos de un concepto de reputación más o menos laxa que la identifique con “Opinión o consideración en que se tiene a alguien o algo” (RAE), podemos deducir que la reputación se construye a partir de dos elementos, uno objetivo que son las acciones que realizamos y otro subjetivo que es la interpretación que hacen los que opinan de nosotros de esas acciones. El problema está en los canales que nos hacen llegar esas opiniones o esas acciones y que determinarán la interpretación de la reputación hacia un lado (positivo) u otro (negativo).

Es cierto, como dice Grau, que los buscadores pueden condicionar una reputación a través de unos resultados de búsqueda demasiado marcados por el propio buscador, e incluso que las prácticas SEO pueden resultar un elemento desestabilizador a una búsqueda no influida, pero el error está en pensar que la reputación no está influida en entornos offline y pretender ser como ella. La reputación offline está altamente “contaminada” de prejuicios, entornos en los que nos movemos y que nos influyen, cultura, conocimientos o intereses. No somos los seres humanos en modo alguno asépticos, sino que estamos altamente “contaminados” por miles de inputs que nos condicionan constantemente.

Los entornos online, y su reputación, no pueden ser de otro modo: están contaminados por sus propios entornos. Es verdad que esa contaminación es en cierto modo endógena, generada y soportada por un elemento puramente técnico que no forma parte del componente relacional del ser humano, pero incluso en este caso es necesario hacer algún matiz.

En el sector en el que nos movemos en este blog, el turístico, se observa ya una cierta madurez por parte de los usuarios a la hora de buscar contenidos sobre, por ejemplo, un hotel. Es cierto que los buscadores siguen siendo un elemento fundamental de búsqueda de información, pero cada vez más los usuarios acceden a sus páginas de consulta (Booking, Venere, Tripadvisor, Travbuddy…), aquellas en las que confían y que se han convertido en su principal informador. Son entornos, como bien dice Grau, no controlables, pero que sí pueden ser monitorizados, lo que supone un enorme cambio con la reputación offline, construida en muchos casos por opiniones que ni siquiera llega a nosotros.

La reputación, ya sea online u offline, está basada en acciones propias y en opiniones, como hemos dicho. Cada entorno tiene sus particularidades, pero ambas son reales, porque una reputación no es una representación de lo que somos, sino de lo que otros dicen que somos, y ese matiz es el realmente importante. La forma de construirse nuestra reputación online no es ni buena ni mala, es la que es (los procesos no son éticos, pueden serlo los resultados). Y el hecho de introducir elementos semánticos y contextuales no hará que los resultados sean más válidos, tal vez los hará distintos pero no más válidos.

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Comentarios

Muchas gracias, Juan, por tan profundo e interesante análisis sobre el post que dediqué a la Reputación.

Referente a tu interesantísima post-reflexión, sólo querría añadir un elemento de base, que creo clave para sostener toda mi teoría: no existe reputación online y offline. De reputación no hay más que una, que es la suma de las dos. Los términos online y offline són denominaciones técnicas obligatorias para poder determinar el origen de las fuentes sobre las que ejercemos el juicio de valor subjetivo (que es la reputación), y para poder -también- trabajarlas como unidades de naturaleza distinta. Pero como concepto son completamente indisolubles, dado que sacado un juicio de valor sobre una “reputación online” sobre algo o alguien afectará nuestro comportamiento de igual manera como si lo hubiésemos visto u oído fuera de la red.

Totalmente de acuerdo, Francesc, aunque con matizaciones. Es cierto que la reputación es sólo una, pero debemos tener en cuenta en nivel de análisis que estamos haciendo. No estamos analizando la reputación, sino las fuentes de la misma, y aquí, como dices, sí hay diferencias.

Es cierto que cuando subimos al estudio de la reputación el foco en los procesos de formación de esa reputación pasan a ser secundarios, por lo que cambia también de enfoque su proceso de estudio.

Puede parecer un matiz metodológico pero cuando estamos hablando de fuentes y naturaleza del concepto tienen su importancia.

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