La mirada del viajero
Publicado en el Tourism Revolution Blog
No es lo mismo ver que mirar. No es lo mismo dejar pasar la vista por un espacio siendo, tal vez, incluso consciente de lo que en él habita, que aprehender ese espacio y hacerlo propio, poseerlo. Esto sólo es posible con la mirada.
La mirada es un ver intelectualizado, una forma de racionalizar lo percibido. Y como es normal, la intelectualización es siempre subjetiva, fruto de nuestra formación, nuestros gustos y nuestras decisiones. Los mismos espacios, los mismos itinerarios, incluso las mismas experiencias no tendrían nunca la misma significación para Bruce Chatwin que para Hans Christian Andersen, por ejemplo, aunque hubieran sido contemporáneos.
En su libro La Mente del Viajero, Alexandre García-Mas y Assumpta García-Mas muestran una serie de motivaciones del viajero a la hora de emprender el viaje. El viaje religioso, el de guerra, el periodístico o el sexual son algunas de las formas en las que el viajero construye su experiencia, y por supuesto su forma de entenderla.
Dean MacCannell, en El Turista, recoge la experiencia vital del viajero desde su figura de persona completamente integrada en el proceso. Como un ser individual pero también como una persona que participa del grupo, el viajero/turista tiene esa doble visión propia y colectiva de los destinos a los que viaja.
En el libro colectivo Anfitriones e Invitados, compilado por Valene L. Smith, se habla de la experiencia sagrada del turismo como un viaje casi iniciático, de cambio de referencias y reubicación no sólo espacial, sino también espiritual. El individuo, el viajero deja de ser él para ser otro. Deja de ser el servidor para ser el servido, pasa de ser anfitrión a ser invitado.
Todas estas visiones reflejan el hecho de que el ser humano es un ser subjetivo, imposible de clonar, por lo que no parece apropiado tratar de ofrecer una misma manera de acceder al destino. Hemos de pasar de un control total de la información y del mensaje, según el modelo clásico del TTOO, a un entorno en el que nos convertimos en “escuchadores” que tratan de captar el mensaje que transmite el viajero a través de los canales de que ahora dispone para ello.
La mirada del viajero será siempre distinta y difícil de asir, pero precisamente por eso no podemos sustituirla por una mirada propia y ajena a él, porque de este modo estamos construyendo y ofreciendo una experiencia sucedánea, prostituida y muy alejada de los ideales que el propio viajero pueda tener.
Imagen: http://www.flickr.com/photos/maniya/881295232/
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