El espacio turístico y su integración en el espacio urbano

Cuando hablamos de turismo, independientemente del turismo rural que tiene otro tratamiento espacial, hemos de ser conscientes de que hay un escenario en el que se genera y desarrolla esa experiencia vacacional. Más allá de los diferentes modelos urbano (horizontal, vertical, mixto…) es fundamental reflexionar sobre el espacio público como escenario y la gestión que hacemos de él.

Los espacios públicos, como lugares de convivencia, requieren de una serie de acciones de gestión que faciliten esa convivencia y que dote a los ciudadanos de un valor vivencial que amplíe su espacio vital más allá de sus áreas privadas. Los espacios públicos han sido tradicionalmente lugares de socialización. Y en ningún lugar aparece más claro que en los destinos turísticos. Hay que hacer sin embargo una reflexión que matiza mucho esta optimista visión. Gestionar un espacio público es complicado, porque lo viven multitud de personas y grupos muy heterogéneos que lo interpretan y lo disfrutan de distinta manera. Las administraciones públicas  tienden en cambio a homogeneizar esos espacios públicos para facilitar su gestión, homogeneizando a su vez el tipo de disfrute de los mismos. Esto puede generar tensiones sociales en cuanto que un grupo puede sentir que hay una ocupación del espacio por otro grupo, expulsando al primero.

Dice el sociólogo Manuel Delgado que “el espacio público desde su nacimiento con la modernidad se ha configurado como un espacio donde el Estado pretende desmentir la naturaleza asimétrica de las relaciones sociales que administra, ofreciendo el escenario “perfecto” para el sueño imposible del consenso equitativo en el que puede llevar a cabo su función integradora y de mediación.”

Se está observando en cambio que muchas de las acciones de socialización que antes se generaban en espacios públicos están trasladándose a los Medios Sociales. La creación de redes está suponiendo un cambio de ubicación de experiencias sociales. Esto no quiere decir que dejen vacíos de contenido a estos espacios públicos, sino que los mismos se redefinen y las conexiones sociales saltan en alguna de sus fases del offline al online. Pero esto, lejos de minimizar la importancia de trato offline en algunos casos lo fortalece al organizarse “quedadas”, encuentros de todo tipo o reuniones sociales. La interrelación y alimentación mutua entre ambos espacios es así palpable.

Qué pasa con los espacios turísticos. Tengamos en cuenta antes de continuar que un viajero vive toda su experiencia vacacional en espacios comunes, ajenos a su historia personal y que por tanto difícilmente asumirá como propios. Esta es por otro lado una de las razones del viaje, el descubrimiento y disfrute de nuevos espacios, de lugares ajenos desde el punto de vista vital.

El deseo del viajero de disfrutar de experiencias subjetivas, diferenciadas y únicas puede chocar en estos casos con el deseo de las administraciones de homogeneizar los espacios para su mejor gestión, como hemos comentado. El viajero ha de adaptar sus experiencias a las experiencias que disfrutan los locales en esos espacios; o los locales han de adaptar sus experiencias las de los viajeros si el valor que tiene el turismo en el destino es mucho.

Sin embargo, hay desde mi punto de vista un cierto desconcierto a la hora de regular las experiencias en esos espacios públicos. Y una de las razones principales está en identificar espacios comunes con espacios públicos. Un hotel es un espacio común, puesto que es utilizado por multitud de clientes, con las restricciones lógicas de algunos espacios como las habitaciones, pero no es un espacio público, sino que es privado. Lo mismo pasa con bares, cafeterías y restaurantes. El deseo de las administraciones de regular la convivencia en espacios comunes pero privados (un ejemplo lo tenemos en la ley del tabaco) choca con la libertad no ya de los locales, sino también de los viajeros, que ven una homogenización extrema de su experiencia. Entiéndase que el ejemplo puesto de la ley del tabaco que prohíbe fumar en estos espacios es sólo eso, un ejemplo.

Al final el viajero puede sentir que ha de modificar sus costumbres más allá de los que está dispuesto a hacer para poder adecuar su disfrute experiencias a las exigencias del espacio público, que recordemos que busca la homogenización sin tener en cuenta las particularidades culturales y vitales de cada grupo.

Como dice Juan López-Aranguren BlázquezLos administradores (políticos) han asumido que los espacios públicos ya no son políticamente rentables y actúan en consecuencia, con miedo. Este miedo a perder el control, a meterse en el barro y mancharse, hace que las iniciativas tiendan a restringir las posibilidades de los espacios y a catalogarlos de manera que su uso esté definido y acotado, frente a la infinidad de situaciones que se pueden producir en un contexto con tantos elementos distintos (…) prefieren simplificar y podar, reducir la complejidad en lugar de estudiarla y potenciarla, legislando desde la restricción.”

Imagen: http://www.flickr.com/photos/toniescuder/5312723392/

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Comentarios

[...] This post was mentioned on Twitter by Juan Sobejano and davidginer, Miguel Nonay. Miguel Nonay said: RT @jsobejano: El espacio turístico y su integración en el espacio urbano http://t.co/Q8QIaAD [...]

Muy interesante. Una consulta: a qué hacés referencia cuando hablás de la homogenización del espacio público?

Me refiero sobre todo a dos cosas.

Por un lado en el desarrollo de una gestión del espacio sin matices, tratando de unificar los significados de esos espacios y los elementos que los componen para que su gestión sea más sencilla para las administraciones.

Esto lleva a que los espacios tengan el valor que les quieran dar los grupos dominantes, expulsando a los otros y homogenizando por tanto también el espacio.

Te pongo un ejemplo simple, aunque la realidad es más compleja y hay muchos más grupos. Supongamos que hay una plaza que es disfrutada por familias occidentales. Es difícil que esa misma plaza sea también utilizada por musulmanes, a no ser que consigan ocupar la plaza.

Como ves se utiliza un lenguaje violento (“ocupar”) cuando en realidad es el resultado de la evolución natural del entorno. Las administraciones tienden a primar la gestión de ese espacio según las necesidades del grupo dominante, no de los demás, porque eso complicaría la gestión y además podría suponer una merma de votos electorales.

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