El artesano como objetivo vital

Creo sinceramente que estamos perdiendo la perspectiva. Hace tiempo que hemos dejado de ver nuestro trabajo como una forma de vida y lo tenemos más bien enfocado como un medio de subsistencia. El enfoque que hemos dado al trabajo, y el turístico es un claro ejemplo, es el de sostenerlo sobre conceptos contables y olvidarnos de la dimensión humana que tiene el trabajo. Porque el trabajo es un medio de relación con nuestro entorno, una forma de posarnos en el mundo, desde una perspectiva y con unos principios que nos hacen ver la realidad desde una perspectiva determinada y nos ofrece a la comprensión de los que nos observan.

Viene todo esto porque estuve comiendo el otro día con mi amigo Julen Iturbe y me dio por reflexionar sobre su concepto/proyecto de consultoría artesana. Hace tiempo que lo sigo y hace tiempo que quiero hablar de él, y creo que ahora es un buen momento. Me interesa sobre todo llevar el concepto más allá de la consultoría y, porque sé que es uno de los principio de la artesanía, reflexionar con libertad y sin cerrarse a parámetros ni direcciones mentales impuestas.

Desde mi punto de vista la artesanía supone sobre todo la forma más humana de trabajo que existe. No somos iguales, no hacemos las cosas de la misma manera, y aunque las industrias, la fabricación en serie y la calidad industrial son necesarias y defendibles, no por ello hemos de obviar el concepto de artesanía. Porque estoy hablando de conceptos, de construcciones mentales que, asumidas, enfocan nuestro trabajo en torno a acciones en absoluto predeterminadas y “funcionariales”. No hablo de desterrar las fábricas o borrar los procesos industriales, hablo de tener una visión humana de todo este proceso.

Hace tiempo que en el sector turístico hemos dejado de ser artesanos. Los camareros son sólo transportistas, que se limitan a llevar cosas de un sitio a otro. No es cierto que el mercado los pida así, son los empresarios los que los piden así. El artesano conoce su trabajo, sabe evolucionar y hacerlo evolucionar, sabe innovar en un proceso constante de mejora. Nosotros hemos dejado de integrar la innovación y la mejora a nuestros trabajos, hemos llevado la innovación a departamentos ajenos a nuestra relación con el cliente y estamos siendo incapaces de enfocar adecuadamente los cambios que se necesitan y que nos están pidiendo.

Creo que es interesante recoger las señas de identidad de la consultoría artesana:

  1. Trabajamos con las personas. El conocimiento, la ilusión y toda la energía necesaria para el cambio y la mejora residen en las personas, una a una, pero también organizadas y en equipo. Por eso, más allá de clientes, decimos que trabajamos con personas y no con corporaciones.
  2. Nos gusta nuestro trabajo. Nuestra materia prima es el conocimiento, algo que no se genera con horario fijo o en espacios concretos. De ahí que no establecemos rígidas separaciones entre nuestra labor de consultoría y otras facetas de nuestra vida. Integramos nuestro trabajo como una actividad más de nuestro quehacer cotidiano.
  3. Colaboramos de manera abierta. Con cada caso y proyecto generamos conocimiento, pero nuestro valor no reside en atesorarlo, ni en métodos y técnicas privativas a resguardo de clientes y de otros profesionales, sino en abrirlo a nuestra comunidad.
  4. Somos red, que en buena parte se refleja y apoya en nuestros blogs y en los medios sociales en que participamos. A través de estos canales distribuimos y compartimos conocimientos, ideas e inquietudes.
  5. Somos una comunidad de práctica en la que aprendemos a través de conversaciones entre iguales, cuyo fundamento no está tanto en el qué sino en el cómo.

Estas señas de identidad, enfocadas al tema de la consultoría, deberían ser grabadas en todos los departamentos de RRHH de las empresas turísticas. El enfoque humano (por y para personas), el amor por el trabajo (y por ende por las empresas), la colaboración (coopetición), la red (el destino como red), el aprendizaje continuo (apertura a influencias externas). Todos estos “principios” encontrarían en el sector turístico un magnífico caldo de cultivo que mejoraría la percepción tanto de empresas como de clientes.

Pero estas señas de identidad se manifiestan de alguna forma:

  1. Buscamos imprimir carácter y sentido personal a lo que hacemos, de manera que cada caso es un proyecto nuevo. En él incorporamos nuestra materia prima, el conocimiento abierto, así como el aprendizaje anterior y la experiencia renovada. En este marco, innovar no es una actividad instrumental sino un imperativo implícito.
  2. Aprendemos a través de la experimentación y del error, de la desviación y de la corrección del rumbo planificado, y nos renovamos con cada trabajo. Ya que el aprendizaje sucede antes, durante y después de cada proyecto, la acción y la revisión resultan imprescindibles para aportar soluciones.
  3. Buscamos divertirnos con cada trabajo porque para anclar y asimilar los aprendizajes es fundamental la ilusión y la emoción por el trabajo bien hecho. Por eso compartimos esta pasión con las personas con las que colaboramos.
  4. La diversidad es una de nuestras principales riquezas porque trabajamos con personas y aprendemos de lo diferente, no tanto de lo conocido. Incorporamos a nuestra red a quienes pueden aportar conocimiento, ideas y experiencia en sintonía con la manera de hacer propia de la consultoría artesana.
  5. Confiamos en la meritocracia como vía de desarrollo. Ser parte de una red posibilita buscar, para cada proyecto, las personas y los conocimientos idóneos, porque la prioridad reside en que el proyecto culmine con éxito. Sabemos que esto es lo mejor para nuestra reputación y fiabilidad a largo plazo y para construir relaciones de confianza con nuestros clientes.
  6. Abogamos por modelos no invasivos de acercamiento a los clientes, que se basen en prescripciones y referencias de proyectos anteriores como mejor carta de presentación.

Traduzcamos pensando en el sector turístico. El trabajo como artesanía, como acciones y relaciones irrepetibles y nunca previstas. El error como parte del proceso de gestión, y el aprendizaje continuo. El trabajo no es sufrimiento, también es diversión y está conectado con nuestra parte emocional, no sólo manual. No hay procesos, o al menos éstos son mínimos, de modo que nuestras respuestas a las necesidades son respuestas humanas, únicas. Cada persona es importante en sí misma, y cada uno es capaz de aportar algo único a la red. El cliente forma parte de nuestros proyectos y de nuestra realidad vital, incluso más allá del hecho de que paguen por un servicio.

Todo esto ha de estar apoyado por una serie de valores que direccionen adecuadamente nuestras acciones y nuestros proyectos:

  1. Franqueza. Trabajar con personas en el mismo plano de colaboración nos facilita decir que no cuando por ética o viabilidad el proyecto no nos convence. Además, nos permite advertir mejor el error en la ejecución de cualquier proyecto.
  2. Pragmatismo que permite conciliar la vocación por el trabajo bien hecho con las circunstancias y requerimientos de cada proyecto, de manera que el mejor logro sea, también, el logro posible.
  3. Simplicidad que nos aporta concreción y capacidad de reacción. Articulamos cualquier estrategia a largo plazo mediante aproximaciones sucesivas que facilitan el conocimiento progresivo y mutuo con las personas con las que trabajamos.
  4. Sobriedad en infraestructuras y recursos, compromiso con el open source y con el conocimiento libre.
  5. Re(d)lación de confianza y perdurable que surge de trabajar con personas e implica establecer relaciones más allá de las contractuales del proyecto. En definitiva, incorporar a esas personas a nuestra red.

Al final se trata de volver a la mentalidad del artesano sin dejar la tecnología. O más concretamente, se trata de dar a la tecnología y al pensamiento un enfoque artesano. En un sector como el turístico, donde el componente humano es tan marcado, sorprende que no hayamos desarrollado este enfoque ya.

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Comentarios

Hola Juan,

Hay mucha gente de turismo que efectivamente le gustaría trabajar de esa manera pero el problema es que las empresas te ponen trabas para cualquier iniciativa y por lo general si hay un error no lo ven como un punto de superación mas bien lo ven al contrario.

Y si presentas algo nuevo por lo general existe tanta burocracia que se quita la ganas de volver a intentar hacer algo fuera de lo establecido.

Hay gente muy buena en el sector pero falta apoyo por parte de las directivas de las grandes empresas.

Un saludo,

Es cierto, Beatriz. Por eso me parece increíble que no seamos capaces de comprender que en el sector turístico la artesanía, el enfoque artesano es fundamental.

Yo he sufrido en carne propia ese tipo de empresas que dices, y es verdad que es absolutamente desmotivador. Por eso creo que es cambio no puede venir de abajo a arriba, sino al revés, y que sean los directivos los que empiecen a comprender el verdadero valor de las relaciones, del servicio único e individual, de facilitar experiencias y no vender servicios.

Hola Juan
este post me ha hecho descubrir por donde enfocar un proyecto de turismo. desde la idea estaba tratando de encontrar un hilo conductor para darle un enfoque autoctono, en el sentido de que sea el factor humano lo primordial.

Muchas gracias

juancho

Hola Juan,
Sigo tu blog, pero es la primera vez que comento. Me encanta. Me parece que eres un profesional muy serio y del que tengo mucho que aprender.
hace un tiempome he lanzado a la aventura de emprender en turismo y este post refleja de manera estupenda la forma en que estoy tratando de hacer las cosas. Frente al producto masivo de producción en serie, un producto artesanal, a medida. Es difícil, porque me parece que son tiempos en que los que tienen éxito son los negocios automatizados con un modelo escalable… Pero quien te quita el placer que te produce trabajar en algo que te gusta, hacer feliz al cliente y además que te paguen…
A ver si pasa la crisis y despegamos!
Un saludo cordial

Juancho, no sabes lo que me alegra haberte sido de ayuda. Espero seguir siéndolo. Un cordial abrazo.

Paula, me voy a poner colorado :) La verdad es que el camino que hemos elegido es el más largo y complicado, pero también el más gratificante como dices. Yo prefiero ser un artesano a un oficinista :) Un abrazo

Hola, Juan.
Si simplificamos nuestro discurso y en esto Richard Sennett creo que ha dado en el clavo, cada cual podemos ser artesanos. Eso sí, la relación contractual al uso entre empleador y empleado suele hacerlo todo más difícil. Ser camarero y no transportar bebidas es la clave. En consultoría igual. Nuestro empeño es reivindicar una dimensión contenida, un trato directo. Eso te lleva a hacer las cosas si no bien, sí al menos con tu mejor intención.
Seguimos en contacto.
Un abrazo,
Julen

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