El community manager no es un trabajo fácil

Es un debate que todavía no se ha manifestado claramente pero que subyace a cada entrada que aparece en la Red sobre el Community Manager (CM). ¿Qué es? ¿Para qué sirve? ¿Cómo se gestiona? Son algunas preguntas que de un modo u otro recorren Internet. No sé si hay una respuesta clara a estas y otras preguntas por el estilo, pero sí que artículos como este de Pop MK ayudan a ajustar el problema y a mejorar la perspectiva.

Por su interés reproduzco el artículo de Pop MK. Creo que es un debate que tarde o temprano se va a manifestar de modo más evidente.

Imagen: http://www.flickr.com/photos/nestorgalina/3707322819/

En los 90 se decía que el que hacía la web era un webmaster. Y eso no era un modelo que funcionara salvo para la web de un bar-cefetería o una ferretería de barrio. Porque para una web seria necesitas:

  • Análisis: de usabilidad, de SEO, de marketing. Quizá redacte también algunos textos.
  • Diseño: gráfico, especializado en web. retoque de fotos. Buen gusto vaya. Y probablemente también se encargue de los CSS
  • Programación: Formularios, bases de datos, algo de CSS algo de Javascript.

Es decir, un hombre-orquesta no es el perfil ideal, es el perfil más barato.

Si queremos algo serio, necesitamos un trabajo realizado por diferentes perfiles profesionales, diferentes personas. Un equipo.  Algo barato sirve para un pequeño negocio, se monta con un freelance, el amigo de un amigo, o algún osado armado de FrontPage.

Pues en el Social Media Marketing pasa tres cuartas de lo mismo. Y es producto de la misma inmadurez/candidez a la hora de enfrentarse a la tarea de gestionar las relaciones en Social Media. ¿qué se necesita?

  • Atención al cliente: una persona que sepa responder cómo se configura correctamente el XU-328 que distribuye nuestra empresa. (el XU-328 es el típico nombre horrible con que nos castigan las empresas).
  • Relaciones Públicas: alguien que sepa establecer relaciones con líderes de opinión dentro de la comunidad a la que nos dirigimos con nuestros productos. Darles información, atenderles cortesmente. Luego les pediremos que nos ayuden a comunicar a los cuatro vientos la novedad que acabamos de lanzar, el XU-329. Nos lo publicarán en algunos posts, nos conformaremos con algunos retweets, y si conseguimos algún amiguete de Facebook podemos imaginarnos ascendiendo a las alturas del organigrama.
  • Comercial: Un tipo ha comentado en Twitter que le encantaría comprar un aparato similar el XU-328 pero no sabe si esperar al XU-329 o (terror) comprar nuestro competidor el WOW-1020. Esa es una misión para un tipo curtido en mil batallas comerciales: dale información, muéstrate interesado en su duda y ayúdale a encontrar el camino. Véndele el XU-328 con un bonito descuento,  o prométele el XU-329 en primicia. Ese enfoque permitirá además contar con un fiel seguidor de la marca, y ayudará a crear comunidad.
  • Marketing: Los encargados de hacer ruido. De hacer esas campañas tan curiosas de ‘mira un ratón que baila con tu foto en la cara’, o ‘mira qué gracioso es este video donde rompen un aparato competidor del XU-328′. No venden. Pero para nada. Pero son simpáticas. Y ayudan a generar seguidores en blogs, twitter, a ganar algo de presencia y a apoyar el resto de acciones de marketing de la empresa.

¿Todo esto lo tiene que poder hacer una sola persona, el ‘Community manager’??? Anda ya!!

No.

Todo eso lo tiene que hacer un equipo. Si lo puedes pagar, claro. Si no, pues el primo de tu amigo que está muy ducho en redes sociales, que te haga el favor. Pero para empresas un poquito más grandes que una pizzería, se necesita un enfoque más realista.

Porque no puedes pedir que una persona (o dos) puedan hacer todo eso y hacerlo bien. Entonces, ¿por qué se hace así? Por ahorrar.

  • Sólo tengo que preocuparme por pedirle resultados a una persona. Más fácil. Ahorro esfuerzo.
  • Sólo tengo que justificar el sueldo de una persona. Y ya me resulta difícil. Así que ahorro y cuento sólo con uno, aunque me hicieran falta cuatro. Ahorro dinero.
  • No puedo andar pidiendo que personas de Comercial, Relaciones Públicas y Atención al cliente se pongan a formarse en Social Media. No les interesa, no les gusta y no cobran por ello. Van a pasar de todo. Vendría genial que dedicaran parte de su tiempo, pero al final lo van a acabar dejando y el proyecto va a acabar muriendo. Me voy a ahorrar el disgusto.
  • Puedo subcontratar la parte de marketing viral. A la dirección les gustan esas cosas ingeniosas. Parece que hacemos algo productivo. Pero creo que si lo hago dentro de mi departamento, puedo justificar mejor el presupuesto e incluso ahorrar algo de la inversión.

Es decir, al final se le endosa todo al Community Manager. Es lo más cómodo, lo más barato y lo único que va a sobrevivir porque cualquier otro profesional de la empresa a tiempo parcial lo acabaría dejando de lado con el tiempo. Pero sigue sin ser la idea correcta.

Y los que dan los cursos de Community Manager una de dos, o lo saben y no lo cuentan porque no les interesa (algo muy humano, feo, pero humano) o directamente porque no lo saben (también es humano, pero entonces no des cursos).

Hala. Ahí queda eso. FYI.

Eso que se lee tanto por ahí, Ponga Un Community Manageren su vida, ¡y que reporte directamente a la dirección general!! Qué cachondos!! Reality Bites. La vida es mucho más bonita en un Power Point.

El mapa del socialmedia

Visto en Beat Geek

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En ocasiones veo Community Managers

De un tiempo a esta parte parece que todo el que trabaja en esto de los medios sociales, las redes y demás cosas raras es un Community Manager (CM). Hace poco recogíamos un artículo de Gaby Castellanos en el que señalaba la necesidad de no quedarnos en la figura del CM para explicar las acciones que los profesionales desarrollan en los medios sociales. Recientemente he leído además dos artículos, uno de Enrique Dans y otro de Pedro Rojas, que desde distintas perspectivas también abordaban el tema del CM.

Lo que parece claro es que los profesionales no perciben un proyecto en medios sociales sin un CM, mientras que los clientes suelen tener una idea muy vaga de la figura del CM y no llegan a darle la importancia que parece tener. Pero claro, si al preguntar a esos profesionales qué es un CM nadie termina de dar una respuesta clara y concreta, y si al preguntar qué funciones tiene el abanico es tan amplio como impreciso, la cosa no mejora mucho que digamos.

Todo esto del CM y demás empleos en social media tienen mucho de gestión del sentido común. Es cierto que parece necesaria la existencia de una persona que sea capaz de coordinar toda la presencia de un proyecto o empresa en la Red, pero esa presencia debería basarse en unos principios claros y unos objetivos alcanzables.

Antes de comenzar con un proyecto de presencia en Red, que necesitaría la contratación de un CM, tal vez debería preguntarse:

-¿Cuál es mi mercado objetivo?

-¿Qué presencia tiene éste en la Red, tanto de forma directa como indirecta?

-¿Me interesa a mi estar en ella?

Parece una obviedad, pero en un momento como el actual en el que parece que el único mensaje existente es que el que no esté en los medios sociales está muerto, conviene recordar que hay vida más allá de los medios sociales y que éstos no pueden ser sino una parte de una estrategia más global en la que se incluyan acciones 2.0 y acciones 1.0. Recientemente Genis Roca decía en una conferencia que no es todo tan urgente como nos suelen decir, que aunque ya sea interesante y en algunos casos hasta necesario estar en los medios sociales, en otros el beneficio puede no ser tan obvio.

Una vez que tenemos claro que debemos estar en la Red y en los medios sociales conviene seguir preguntándose:

-¿De qué recursos dispongo? ¿Puedo dedicar a una persona preparada y formada para que me gestione mi presencia, para que sea mi CM?

-¿Si no lo tengo lo puedo tener?

-Una vez definidos los recursos ¿qué presencia puedo desarrollar? ¿Hablamos de una presencia constante, intermitente? ¿Cuál va a ser mi estrategia?

-¿Y esa estrategia sobre qué herramientas se va a sustentar? ¿Facebook y Twitter? ¿Utilizaré Gowalla o FourSquare?

Es interesante hacerse esta pregunta porque el 90% de las estrategias de desarrollo de presencia en la Red se basan en Twitter y Facebook, cosa normal pues son las dos que ahora están triunfando. Sin embargo no podemos dejar de revisar periódicamente las novedades que se van produciendo con la aparición de nuevas plataformas y herramientas.

Una vez que tengamos clara toda nuestra estrategia desarrollémosla. Y para ello necesitamos al CM, que se encargará de coordinar toda nuestra presencia en base a unos objetivos claros, monitorizando nuestra presencia en la Red, tanto la generada por nosotros como la generada por los usuarios o competidores. El CM tratará de crear comunidades en torno a nuestra marca, y no sólo formales en torno a unas plantillas definidas, sino también informales, fruto de una conexión fomentada por nosotros.

Las diferentes plataformas han de ir coordinadas, pero cada una con un peso propio e independiente, capaces de aportar valor pero desde distintos ángulos al proyecto. Con personalidad propia pero reconocibles dentro de un proyecto más amplio.

La figura del CM es fundamental al ser el coordinador e impulsor, y en alguna ocasión el creador, de toda esta estrategia de presencia en redes. No cabe la existencia de varios CMs que no sean capaces de coordinarse en torno a una estrategia común. Y esa estrategia ha de ser sólida, creíble, posible y rentable al cliente.

Publicado en el Tourism Revolution Blog. Muy recomendable leer los comentarios generados.

Un destino no cuenta sólo una historia

El otro día llegó a mí este video que tienen más abajo. Es una conferencia de la escritora nigeriana Chimamanda Adichie en la que habla sobre las historias. Reconozco que comencé a verla sin muchas expectativas, pero la voz grave y rítmica de la autora me cautivó y poco a poco me fui metiendo en su historia y en lo que decía. Y descubría que lo que decía no sólo era y es interesante, sino también importante. Porque Adichie habla de las historias, las que definen a las personas, los territorios o los países, las que construyen nuestra imagen a otros ojos, ante los demás.

No hace mucho Paula Martínez publicó una serie de conocimientos hablando sobre el storytelling (aquí, aquí y aquí), la capacidad de influir de una u otra manera en el oyente o lector a través de una historia. El poder que tienen las historias de conmover, influir, motivar, enseñar o definir es enorme, como también lo es la capacidad de desconcertar, equivocar, olvidar o desmotivar. En cierto modo la conferencia de Adichie va sobre este segundo tipo de historias, aquellas que pervierten aquello sobre lo que hablan.

Todos tenemos nuestra historia, pero ninguna de ellas es una historia simple, lineal, incluso moralmente neutra. Todos somos a la vez buenos y malos, padres e hijos, hermanos y esposos. La simplicidad no existe como no existe la capacidad de ocultación permanente. Si nosotros creemos una historia sobre otro es porque también somos creadores de esa historia, puesto que decidimos qué elementos son los que nos interesan y sobre los que creamos nuestra imagen del otro.

Los destinos turístico tampoco tienen una sola historia, por mucho que a nosotros nos interese que así sea, y cuando digo “nosotros” me refiero a los gestores de ese destino. Nos resulta más fácil simplificar, más fácil de comunicar, de promocionar y de gestionar. Pero al mismo tiempo estamos perdiendo gran parte del atractivo de los destinos al simplificarlos y dejarlos en estereotipos. Dice Adichie en su discurso que una historia única crea estereotipos, y que el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos, y hacen de una historia la única historia.

Todos tenemos en mente destinos turísticos a los que ya hemos etiquetado con estereotipos que impiden hacer visible toda la riqueza que encierran. Y lo peor es que esos estereotipos no han sido creados por los viajeros y visitantes, sino por los propios gestores. Muy al contrario los viajeros están consiguiendo en algunos casos minimizar ese error a través de contar sus experiencias personales.

La Red se está convirtiendo en este caso en una auténtica bendición para los destinos, porque está subsanando un error histórico de las promociones de los destinos: tratar de vender lo aprehensible. No hay un destino único ni una historia que lo defina, hay tantos como viajeros se paran en él. Cada visitante vive su propia historia, lo que llena de valor el destino para ese viajero de una forma única e irrepetible. Nuestra función no debería ser la de contar la historia del destino, sino la de posibilitar que cada visitante construya la suya propia.

La reputación y la Web semántica

He llagado a este artículo a partir de la lectura de unas magníficas reflexiones de Francesc Grau sobre reputación. Grau afirma que el modelo de reputación que estamos utilizando se basa fundamentalmente en el resultado de las búsquedas de keywords en buscadores, y que éstos ofrecen unos resultados muy sesgados y en los que no tienen en cuenta contextos, dimensión temporal de los datos, correcciones de evolución o credibilidad de las fuentes, vamos, que no están interpretados en un contexto de Web semántica.

Comienza Grau con una afirmación categórica sus reflexiones, “ahora mismo no estamos viviendo una percepción de reputación nada “natural”. Esta afirmación necesita, desde mi punto de vista, ser matizada. Aunque el término “natural” está entrecomillado, su poder de dar sentido a la frase es tan fuerte que necesita ser interpretado, y esa interpretación es demasiado subjetiva para que esa afirmación tenga valor. Entiendo que el autor se refiere a la idoneidad de identificar dentro de lo posible los conceptos de reputación online y reputación offline, es decir de aquella reputación que se genera por elementos puramente de la Red y de la generada por elementos de fuera de la Red.

Sinceramente tengo mis dudas de que esta afirmación, que al fin y al cabo es la base de toda la reflexión posterior, se sostenga. Por un lado es evidente que estamos hablando de dos entornos distintos, de dos “lugares” (malditas comillas) donde se genera reputación. La naturalidad de una reputación no la da el que fuentes, dinámicas o contextos en los que se generan esas dos reputaciones sean los mismos, sino que sean acordes con sus contextos. No se trata de que la reputación online se genere por elementos o trasladando dinámicas offline, sino que precisamente por ser online siga criterios online de generación de reputación.

Claro, el problema viene cuando esos criterios online se ponen también en tela de juicio. Para Grau la fuente fundamental es el buscador, con las limitaciones mencionadas, buscador que se utiliza o bien a través de la keyword principal o de una serie de palabras que tratan de evitar resultados no deseados y que pretenden afinar más la búsqueda. A eso añade una serie de entorno no controlados (comunidades, medios sociales, redes…).

Si partimos de un concepto de reputación más o menos laxa que la identifique con “Opinión o consideración en que se tiene a alguien o algo” (RAE), podemos deducir que la reputación se construye a partir de dos elementos, uno objetivo que son las acciones que realizamos y otro subjetivo que es la interpretación que hacen los que opinan de nosotros de esas acciones. El problema está en los canales que nos hacen llegar esas opiniones o esas acciones y que determinarán la interpretación de la reputación hacia un lado (positivo) u otro (negativo).

Es cierto, como dice Grau, que los buscadores pueden condicionar una reputación a través de unos resultados de búsqueda demasiado marcados por el propio buscador, e incluso que las prácticas SEO pueden resultar un elemento desestabilizador a una búsqueda no influida, pero el error está en pensar que la reputación no está influida en entornos offline y pretender ser como ella. La reputación offline está altamente “contaminada” de prejuicios, entornos en los que nos movemos y que nos influyen, cultura, conocimientos o intereses. No somos los seres humanos en modo alguno asépticos, sino que estamos altamente “contaminados” por miles de inputs que nos condicionan constantemente.

Los entornos online, y su reputación, no pueden ser de otro modo: están contaminados por sus propios entornos. Es verdad que esa contaminación es en cierto modo endógena, generada y soportada por un elemento puramente técnico que no forma parte del componente relacional del ser humano, pero incluso en este caso es necesario hacer algún matiz.

En el sector en el que nos movemos en este blog, el turístico, se observa ya una cierta madurez por parte de los usuarios a la hora de buscar contenidos sobre, por ejemplo, un hotel. Es cierto que los buscadores siguen siendo un elemento fundamental de búsqueda de información, pero cada vez más los usuarios acceden a sus páginas de consulta (Booking, Venere, Tripadvisor, Travbuddy…), aquellas en las que confían y que se han convertido en su principal informador. Son entornos, como bien dice Grau, no controlables, pero que sí pueden ser monitorizados, lo que supone un enorme cambio con la reputación offline, construida en muchos casos por opiniones que ni siquiera llega a nosotros.

La reputación, ya sea online u offline, está basada en acciones propias y en opiniones, como hemos dicho. Cada entorno tiene sus particularidades, pero ambas son reales, porque una reputación no es una representación de lo que somos, sino de lo que otros dicen que somos, y ese matiz es el realmente importante. La forma de construirse nuestra reputación online no es ni buena ni mala, es la que es (los procesos no son éticos, pueden serlo los resultados). Y el hecho de introducir elementos semánticos y contextuales no hará que los resultados sean más válidos, tal vez los hará distintos pero no más válidos.

Estudio sobre economía abierta

Vale, pero tengo una estadística que dice que sí

Las estadísticas son como las narices, todos tienen una. Estamos habituados a basar nuestras decisiones en estadísticas y a justificar nuestras acciones también en ellas. Tanto empresas como destinos tienen en las estadísticas un elemento fundamental de decisión. Y lo peor es cuando esa estadística se convierte en dato, porque entonces pierde su carácter relativo y se vuelve una herramienta de decisión unidireccional, sin matices.

¿Qué estadística elegimos para conocer el éxito o el fracaso de un destino? La que corrobore nuestras afirmaciones, sin duda. No se trata aquí de ver primero qué está pasando y analizarlo con las estadísticas y datos adecuados, sino que como he de justificar mis acciones o mis proyectos necesito utilizar las estadísticas que mejor me sirvan. ¿Los visitantes anuales? ¿Mensuales? ¿Trimestrales? ¿El gasto por turista? ¿El aumento de visitas de un segmento? No importa, lo realmente importante es que esa estadística y ese dato me sirvan para mejorar mi capacidad de justificación.

En el análisis de los destinos prima la subjetividad sobre criterios empíricos o científico/empresariales. Cada actor pretende adecuar el análisis a sus propios intereses por lo que los análisis y fotografías de esos destinos carecen del componente de verdad necesario para tomar las resoluciones adecuadas, y se siguen tomando las que interesan a los distintos actores más que al destino.

De este modo, destinos maduros, ya próximos a su decadencia, se autosatisfacen y autoengañan  considerándose destinos de éxito, cuando tienen en su propuesta de valor y en su gestión el inicio de una decadencia que si no se subsana será irreversible. Se encuentran en la cumbre de la curva sigmoidea sin capacidad de trasladarse a una nueva curva que les reposicione en un nuevo entorno de valor y con una propuesta más atractiva, innovadora y sostenible. Y eso a pesar de que el cliente ya se encuentra en la búsqueda de esa nueva propuesta y pretendiendo acceder a un tipo de valor que tal vez el destino no esté dispuesto a satisfacer, entre otras cosas porque tal vez ni conoce que exista esa petición.

La utilización de estadísticas ha de dar una radiografía completa de destino, poliédrica, compleja, de modo que el conocimiento del mismo sea lo más completo posible. No podemos centrarnos sólo en elementos puramente turísticos, porque hay otros más transversales que afectan igualmente al destino y que pueden resultar fundamentales a la hora de definir la oferta de valor.

Utilizar una visión segmentada del destino es cortoplacista, miope y con un alto riesgo de generar resultados sesgados y claramente inútiles para la gestión adecuada del destino y, si es necesario, del cambio que se ha de producir.

Imagen: http://www.flickr.com/photos/adriavalles/2143098341/

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El término “verdad” es un tanto confuso, José Ferrater Mora, en su Diccionario de Filosofía, le da al menos dos significados, así habla de verdades de proposiciones (cuando una afirmación es verdadera) y verdades de la realidad (que un hecho, fenómeno o situación sea verdadera). En ambos caso hay una paradoja: se pretende lo absoluto desde lo particular, se buscan afirmaciones y “verdades” irrenunciables, pero desde la limitación que supone que sea el ser humano desde su individualidad el que las proponga.

Los medios sociales han venido a solventar en cierto modo esta debilidad a través de la creación de redes sociales y de conexiones en las que los objetivos, valores e inteligencias individuales se suman buscando un objetivo mucho más ambicioso. La integración de conocimientos supone un adelanto fundamental en la forma de desarrollar proyectos y en la capacidad de acceder a soluciones y respuestas antes aparentemente inalcanzables. En su libro Nosotros en más Inteligente que yo: Desate el Poder de sus Colaboradores, Barry Libert pone algunos ejemplos de empresas que han llegado a mejorar sus resultados tanto económicos como de gestión a través de esta integración del conocimiento colectivo.

Hay básicamente dos formas de desarrollar y gestionar estas estrategias de integración, a través de redes informales o a través de la creación de una plataforma que visibilice esa red de un modo más claro. En el primer caso estamos hablando de las relaciones que de forma natural se crean en la Red, en Internet, hablamos de conexiones que los propios usuarios van desarrollando no necesariamente con un objetivo concreto pero que en un momento dado pueden dar lugar a entornos de brainstorming muy flexibles y, como decimos, informales.

En el otro lado están las plataformas, programas o herramientas que tratan de sacar el máximo partido a esta capacidad de aunar el conocimiento y la reflexión de muchas cientos de personas. En este caso ya no hay esa informalidad de la que hablábamos antes, al menos no en el mismo grado, sino que se trata de crear el entorno adecuado para que esa capacidad de colaboración y de agregación fluya del modo más eficaz posible. Los objetivos, como decimos, son o pueden ser variados dependiendo de quién pone en marcha el proceso de reflexión.

Una de esas herramientas nacida recientemente es Urquery. Urquery es una iniciativa del Tourism Revolution Ecosystem que busca sacar el máximo partido a la colaboración de distintos actores del sector turístico para la resolución de dudas, puesta en marcha de iniciativas, desarrollo de conocimiento y acceso a información dentro de un entorno en el que la calidad de los contenidos y el espíritu de colaboración ha de primar sobre otros temas.

Con el nacimiento de Urquery pretendemos ante todo poner en movimiento el inmenso caudal de información y conocimiento que acumula el sector desde una perspectiva de utilidad, enfoque y concreción, alejándolo de las dinámicas de comunidad habituales, no porque no creamos en ellas, sino porque consideramos que también es necesario otro enfoque de entorno colaborativo, en este caso Urquery.

Urquery pretende facilitar a cada usuario el acceso a la verdad desde su propia perspectiva, permite marcar el camino que se quiere seguir de conocimiento y facilitar que otros se sumen al mismo, encontrar más fácilmente la respuesta a esas dudas que son necesarias solventar para una mejora de nuestro proyecto, trabajo o estudio.

Os invitamos por tanto a daros de alta, a probarlo y a mejorarlo con nosotros, a utilizarlo como herramienta propia en vuestros proyectos, en vuestras iniciativas, clases y trabajos… y a conseguir todos los galardones posibles.

El viaje iniciado. Primer ebook del Tourism Revolution Blog

A veces uno necesita cierta perspectiva para darse cuenta del trabajo que lleva haciendo desde hace un tiempo. A veces es necesaria la distancia para abstraerse del ruido y percibir el verdadero valor de las cosas. Es lo que nos ha pasado preparando este libro. De repente hemos descubierto el inmenso trabajo que llevamos detrás, no ya por la calidad del mismo, que es el lector el que tiene que juzgar, sino por el esfuerzo, dedicación y pasión con que lo hemos hecho. No hay una sola línea de este libro que no haya sido pensada y reflexionada, ni una sola idea que no creamos, ni una sola reflexión que no haya sido puesta en duda una y mil veces.

Creemos, y permítannos la inmodestia, que es un gran trabajo, y lo es sobre todo porque sólo es una parte de todo el que llevamos realizando durante este último año. Creemos que un proyecto necesita cimientos sólidos, una estrategia clara y unos objetivos definidos. Este libro, hijo del blog que ahora leen, es fruto de estos principios, de esta forma de entender el camino que estamos recorriendo, el viaje que hemos iniciado.

No nos van las absurdas peleas, el “quítate tu pa ponerme yo” y la visión cortoplacista. Preferimos trabajar, ofrecer diariamente nuestros pensamientos, nuestras ideas y nuestras reflexiones. Y fruto de este trabajo diario es la ingente cantidad de conocimiento que hay en este blog. Repetimos, depende de cada lector el que lo encuentren interesante, útil o al menos legible. Nosotros sólo podemos proponer, son ustedes los que disponen.

Esperamos por tanto que este ebook les guste. Recuerden que es sólo una parte de nosotros, de nuestro trabajo. No hemos metido por ejemplo todo el material de conocimientos que pueden encontrar en este blog.

Y no queremos terminar de ofrecerles el ebook sin dar las gracias a Azulflojo y más concretamente a Libertad Rivas, autora de la maquetación y del magnífico trabajo visual. Yo siempre digo que el verdadero mérito ha sido el suyo, nosotros al fin y al cabo lo único que hemos hecho ha sido juntar algunas letras que hemos visto por ahí sueltas.

Para terminar un deseo. Nuestro objetivo es ir sacando periódicamente más ebooks con los materiales que vayamos publicando. Nos gustaría que en el futuro la autoría de los mismos aumentara y que los próximos libros fueran verdaderas obras colectivas. Esperemos que nos ayudeis a conseguirlo.

También puedes bajarte el ebook en pdf desde este enlace.

Open publication – Free publishingMore turismo

Que no son gigantes, que son molinos

Les propongo un juego. Les voy a mostrar una serie de textos que definen la situación de un destino de sol y playa y ustedes han de adivinar cuál es. Al final del artículo tendrán el enlace al texto original y podrán ver si han acertado.

Éste, o éstos, son los textos.

Esta va a ser una temporada tan pobre como la pasada, con unas rentabilidades inferiores en muchos casos como consecuencia de la bajada de los precios. Los problemas van por barrios, pero los datos generales no invitan al optimismo. El otoño-invierno va a ser duro, tremendamente duro para una industria hotelera que está aquejada de la crisis económica y de un mal estructural que lleva padeciendo desde hace años.

Empezamos bien. Hablamos de crisis, de guerra de precios y de males estructurales. Sigamos.

Caemos temporada tras temporada, y nadie le da importancia. Turquía ya nos supera y Egipto y Túnez llevan camino de hacerlo. Nuestra oferta hotelera no tiene nada que hacer ante la turca y la egipcia. Estos países ayudan a los touroperadores y a las compañías aéreas.”

Esta música también suena y seguro que saben la letra. Los destinos emergentes, y ya no tan emergentes, que nos están quitando turistas junto con los TTOO y las compañías aéreas de bajo coste. ¿Saben ya de qué destino se trata?

Los números de los cinco primeros meses hablan por sí solos. De enero a mayo ha habido un descenso notable en comparación a 2009, que ya fue malo. Los datos comparativos de un año a otro son siempre peores. Junio se presenta más o menos igual, tal vez un poco por encima del año pasado, pero con unos precios inferiores. El balance final será poco favorable. Y el volcán no tiene la culpa.”

Males estructurales, crisis de rentabilidad, descenso de la ocupación. ¿De qué destino estamos hablando? ¿Se sienten identificados? ¿Será su destino?

Nos sobran muchas habitaciones, miles. Estamos sobredimensionados y nos estamos haciendo el harakiri entre todos. ¿Cómo podemos hacer rentable el negocio si algunos cuatro estrellas cobran veintipocos euros en julio? La única solución es que desaparezcan cientos de hoteles. Pero sin demora. Nada más terminar la temporada alta se deberían cerrar muchas plazas. Si no lo hacemos, moriremos.

Bueno, el artículo sigue desgranando los problemas que sufre el destino, que al final si quieren podrán leer en su totalidad.

Respecto a lo leído caben algunas reflexiones. La primera es que el juego se torna en drama cuando nos damos cuenta de que esos problemas que los textos describen son los mismos que tenemos cada uno de nosotros en nuestro destino y con los que tenemos que pelear cada día. Bajada de ocupaciones, pérdida de rentabilidad, presión de los TTOO, competencia de los destinos emergentes, reservas de ultimísima hora… ¿Les suena? Pues es la música que escuchamos cada día… y también es la consecuencia de los errores que hemos cometido en el pasado y estamos cometiendo ahora.

No sé si se han dado cuenta de una cosa, en los textos que les he mostrado no se habla en realidad de los destinos, de un destino en concreto, se habla de hoteles, y esta es una de nuestras principales faltas en nuestra gestión: estamos identificando los destinos con la planta hotelera. Y un destino no es eso, es algo mucho más complejo que, queramos o no debemos comprender y gestionar. Nos hemos limitado a crear el producto turístico en torno a los hoteles, en torno a lo que es más fácilmente gestionable en cuanto a promoción y venta. Parece evidente que es muy complicado poner en valor toda la oferta de ocio que puede tener un destino, y por eso nos limitamos (se limitan sobre todo los TTOO) a ofrecer hoteles. Si, es muy complicado, pero no imposible, y es más, es necesario.

Sigue leyendo…

Imagen: http://www.flickr.com/photos/bambolia/385613490/